Despidiendo un continente de hielo para llegar a mi último paraíso




MocKba, Moscow, Moscú.
Mes de diciembre 2009.
Temperatura exterior media de -18ºC y bajando.
Casco urbano ambientado con un constante y resplandeciente capa de nieve a juego con los alegres adornos navideños típicos de la época.
Música de villancicos, campanas repicando en cada número en punto.
Hombres y mujeres ataviados con sus mejores pieles se pasean como en toda gran urbe, perseguidos por el factor tiempo, unido a que “no hace precisamente tiempo para pasear...”





Mi primera impresión sobre esta ciudad es exactamente la imagen que tenía sobre ella.
Sintiéndome parte de un serial de los años 60 todavía me quedan 4 días por delante para palpar la ciudad y sentir el latido de este enorme imperio.

Tras acomodarme en un peculiar guesthouse emplazado en un 3er piso de un edificio de estilo clásico de la zona del Arabat me preparo a base de capas para soportar las bajas temperaturas que me esperan a lo largo del día.
Ya lista con mis mallas de “piel de foca”, pantalón de ski, mis decenas de capas superiores y mi fiel cámara como compañera iniciamos la ruta por la animada calle peatonal de Arabat.



Con sus puestos callejeros de pintores, vendedores de libros, títeres vivientes, creadores de música y excéntricos varios vendiendo sus dotes artísticas a cambio de unos rublos, uno puede pasearse por este barrio durante horas admirando además del mercado de arte local, sus elegantes edificios de colores pastel y cientos de bares, restaurantes y variados locales de moda.

Como siguiente cita ineludible tocó la visita a la archiconocida plaza roja.
La estampa de la enorme plaza roja con la colorida catedral de St. Basils al fondo y todo bajo un cielo que regalaba suaves copos de nieve, estuvo más que a la altura de las expectativas.



A pesar de que el edificio es de un tamaño bastante menor a lo esperado, resultó muy interesante conocer el laberíntico interior con altísimas cúpulas y frescos del siglo XVI.

El Kremlin, como centro político y representación física del poder resulta bastante coaccionante por las medidas de seguridad y los protocolos a seguir en cada situación.



Ubicado en la colina de Borovitsky frente al río Moscow y blindado entre unas murallas de 2,25km de longitud, se necesitan casi unas 4 horas para poder visitar las cuatro catedrales,las impresionantes torres vigía, su gran palacio, varios edificios gubernamentales (sólo desde el exterior, por supuesto...) y el maravilloso museo o “Armoury” con sus valiosas colecciones de piezas únicas de todas las épocas gloriosas del estado Ruso y la iglesia ortodoxa.
Además de admirar estas increíbles piezas, el museo dispone de unas salas de exposición que ya en sí son dignas de admiración.

Una visita obligada, donde uno puede sentir el gran poder que a lo largo de tantos siglos sigue aunando este país.



Debido a las heladoras temperaturas que azotan el país en esta época resulta complicado permanecer en el exterior durante más de una hora y media sin dejar de sentir las manos y demás extremidades, por mucha capa que se lleve... Siendo imprescindible entrar en alguna tienda, bar o local durante unos minutos para recuperar algo de calor corporal y poder proseguir así la marcha.



Resulta curioso estar en un país donde la gente reúne muchas similitudes con uno mismo, color de piel, forma de ojos, vestimenta, costumbres, etc. Tan iguales pero a la misma vez tan distintos.

Lujosos todoterreno de cristales tintados circulan por grandes avenidas.
Bellas mujeres ataviadas con las mejores pieles caminan sin problema con sus tacones de aguja por la densa nieve que cubre la ciudad.
Carteles informativos en cirílico intentan dar indicaciones imposibles para mi.
Un sistema de metro de lo más ilustre acerca las grandes distancias de la ciudad a tantos y tantos viajeros.



Como despedida de esta ciudad, de este país y de este continente decido homenajearme con una genuina patinada sobre hielo en la gran plaza roja y divisando los monumentales edificios que lo envuelven.



Bajo una agradable lluvia de copos de algodón, sintiendo el frío de la noche en mis mejillas, cegada por el resplandor de los edificios colindantes y abrumada por el superávit de imágenes en mi cabeza... dejé volar cada una de ellas con cada vuelta realizada sobre mis cuchillas de hielo.

Tras la felicidad de la experiencia del transiberiano, de haber conocido la genuina Mpkba y con los -60ºC aproximados acumulados en 4 días, abandono mis botas de piel, mis mallas de piel de foca y mi gorro con pompom, por mi último destino: la paradisiaca Costa rica junto a mi familia, me proporcionarán el calor que ahora mismo tanta falta me hace.



Hasta pronto Russia!

1 comentarios:

Alfonso. (Sevilla). dijo...

Muy original la foto de NLE en la nieve moscovita. Sigue disfrutando y haciendo que todos disfrutemos de tu viaje. Enhorabuena otra vez.