Compartiendo techo con una familia Phnong.



Dejamos atras nuestra primera dosis de sensaciones del dia para vivir otra experiencia unica: convivir con una autentica familia Phnong.

En un poblado de no mas de 8 sencillas y dispersas viviendas divididas por un polvoriento camino, bufalos pastan entre ropa tendida, gallinas corretean seguidas por sus fragiles y graciosos polluelos, niños juegan a lanzarse unos trapos a modo de pelota mientras hombres y mujeres van retornando a sus hogares cansados de sus largas jornadas en el campo.





Sin ninguna posibilidad de ducha al no haber agua corriente ni electricidad y tras cambiarnos de ropa, estiramos las piernas dando un paseo por el poblado intentando interactuar y conocer a algún nuevo vecino.
Percibimos como la gente en general siente una curiosidad innata hacia nuestra presencia, pero les puede la timidez y quizá el “miedo” a lo desconocido, por lo que no resulta fácil hacer nuevos amigos...
Inclusive los niños no son de fácil sonrisa y su mirada muestra una desconfianza difícil de dar la vuelta.



Pero de nuevo nuestro empeño y ganas de socializarnos, consiguió romper toda barrera.
Robando en el aire un pase de su pelota-trapo, acabamos jugando con la gran mayoría de los benjamines entorno a un círculo y haciendo pases mágicos entre cada uno de nosotros.



18:35h. El sol se despide tras los montes del oeste y en pocos minutos cada uno de los pequeños va retornando a sus hogares.
Nosotros como buenos hijos adoptivos actuamos de igual manera.
Una vez en nuestra humilde morada,la oscuridad se adueña por completo del lugar y es solo la luz de las brasas y 2 candiles los que iluminan el interior de la casa.
Una vez dentro nos acomodamos sobre una de las superficies elevadas de madera, donde la familia se dispone a cenar y como buenos invitados, nosotros con ellos.
Sentados en el suelo formando un círculo y entorno a la luz de uno de los candiles, cenamos arroz blanco con unas verduras cocidas esa misma tarde por nuestra madre “Phnong”.
No puedo describrilo como la gran cena por el contenido, pero si por haber tenido la oportunidad de compartir con esta familia una de sus rutinarias cenas de cada día.



Ver como cada uno de sus componentes engullia la comida como si de el manjar mas exitoso se tratase, como los mas pequeños repetían una y otra vez finalizando como postre mamar del pecho de su madre, observar a la abuela sin dientes fumar unos cigarros a lo “Sarita Montiel” y acabar aceptando los tragos de alcohol “puro” que el padre de familia hacía el mismo y nos ofrecía con toda cordialidad.

"AYYYYYYYYY!! Como ardía aquello...!!"

Aquí es donde te das cuenta, que el límite del idioma se supera sin problema, pudiendo interactuar y hasta casi tener plenas conversaciones a pesar de no poder comunicarnos linguisticamente ni en una sola palabra, ya que se une a la dificultad, que los Phnung tienen su propio idioma, independientemente al Khemer de Camboya.

Al ver que los mas pequeños, ya bostezaban y nosotros estábamos sentados sobre el suelo que sería su cama, decidimos dar las buenas noches precisas e irnos a la base de madera de enfrente donde colgaban las hamacas que serían nuestras cunas de mecer esa noche.
Por el escaso espacio existente, las hamacas estában situadas tan próximas, que al mínimo movimiento de uno, hacía que todos nos meciesemos como bebes a punto de dormir. Una noche movidita!!



Los candiles finalmente se apagaron sutilmente dejando a la oscuridad adueñarse por completo de nosotros, el silencio inundó la casa hasta que conectaron una radio local a pilas con música country a la “Camboyana!” la cual nos acompañó toda la noche hasta que el propio programa de radio debió cerrar.

El sol volvió a hacer su aparición reactivando con él la actividad a la casa y sintiendo los niños, mayores y pequeños animales corretear con sus quehaceres y rutinas diarias.

Fuera pereza y a desayunar! Toca equiparse, calzarse las botas, preparar la mochila que hoy nos vamos de Trekking!!




Con el padre de familia “Anaconda-man” como guía, apodo ganado a pulso por haber cazado varias anacondas por el área... Al menos estaríamos seguros!o no?
Otro día excepcional en el que recorrimos una variado abaníco de paisajes a un tranquilo y suave golpe de suela.


Desde vastas y verdes explanadas donde búfalos pastaban a sus anchas, anchos arenosos caminos entre mas simpaticas aldeas, inapreciables sendas perdidas entre frondosos bosques y mares de hojas, inmensa y salvaje selva a modo de agradecido parasol, troncos de árboles a modo de puente para cruzar caudalosos ríos y hasta un pequeño islote frente a una catarata a modo de refugio para descansar y alimentarnos una vez mas a base de otro insipido y frio arroz blanco con bananas.

Pero con el hambre que teníamos no dejamos ni un solo grano!!!

Tras casi 7 horas de trekkking y unos 26km recorridos, nos despedimos de nuestro sonriente guía “Anaconda-man”, con una merecida propina y un fuerte abrazo.




De nuevo sentados en una motocicleta, regresamos a nuestro campamento base en “Sen Monorom”, descansando las piernas, sintiendo nuevamente la brisa en nuestras sudadas caras y asimilando esta fantástica sobredosis de emociones vividas!!!




Definitivamente Mondulkiri nos ha conquistado!

0 comentarios: